MUNDO Y RELIGIÓN - M&R |
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¿Quiénes fueron los hombres de las cavernas? |
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Cada cierto tiempo la prensa da a conocer nuevos hallazgos de fósiles aparentemente de “hombres primitivos” y que, al decir de la investigación, se han descubierto en cuevas y en excavaciones paleontológicas en África, Europa y Asia. La apariencia de estos “hombres de las cavernas” es similar a la nuestra, a pesar de reflejar ciertas diferencias físicas en la conformación del cráneo especialmente.
Estos “cavernícolas” representan grupos sociales ancestrales que dejaron dibujos rupestres de animales en cavernas, fragmentos de utensilios y uno que otro hueso de animal trabajado o elaborado como herramienta. La historia y la ciencia moderna los definen como seres humanos inferiores en relación al Homo Sapiens (hombre moderno).
Cuando la ciencia habla de “hombres de las cavernas” refiere fundamentalmente al Hombre de Neanderthal, cuyos restos fósiles efectivamente se han encontrado en cavernas o cuevas en España y Francia principalmente.
Otros hombres cavernarios pueden ser el Homo antecesor, el Homo heidelbergensis, etc. los cuales igualmente, difieren muy poco anatómicamente del hombre moderno, aunque el holotipo del H. heildelbergensis y que es más conocido como la mandíbula de Mauer es reconocido por su gran tamaño y masividad muy superior a la de cualquier hombre moderno.

Imagen característica de los hombres de Neanderthal propia de la primera mitad del Siglo XX en que se les representaba como seres simiescos y encorvados (incluso los niños)
Ahora bien, el concepto del hombre de las cavernas o cavernícola es un estereotipo basado en la posible apariencia que se atribuye a los primitivos humanos, humanos prehistóricos u homínidos, y que en su mayoría tienen su origen en el descubrimiento de restos del Hombre de Neanderthal. El término “cavernícola”, suele ser utilizado de manera popular para referir al Homo neanderthalensis o bien al Homo sapiens del período paleolítico y la relación de éstos con las cavernas, que es conocida principalmente por los hallazgos fósiles y las pinturas rupestres.
En general, los cavernícolas son mostrados como cubiertos con retazos de cueros de animales o pieles, y armados con piedras o garrotes de hueso o madera, con un muy bajo nivel de inteligencia, y comportamiento agresivo y animalesco. Bajo esta visión, a menudo los cavernícolas son presentados como viviendo permanentemente en cavernas, aunque en realidad es más probable que las cavernas fueran sitios de reuniones religiosas o refugios temporarios, y no en realidad los sitios de residencia permanente de los supuestos “cavernícolas” ya que ellos pasaban gran parte del tiempo desplazándose en busca de alimento y construyendo refugios temporarios en las cavernas donde pasar algún tiempo para protegerse de las inclemencias del tiempo y del asedio de animales salvajes que los rodeaban.
LA VERDAD SOBRE LOS HOMBRES DE LAS CAVERNAS
En general, la ciencia describe a los hombres de las cavernas como criaturas brutas y de poca inteligencia, cavernícolas primitivos y más cercanos a hombres monos, más cercanos a los gorilas que a los seres humanos.
Así se nos ha enseñado a creer por más de un siglo. Sin embargo, la evidencia fósil nos cuenta una historia muy distinta y que nada tiene que ver con la idea que se tiene del hombre primitivo. La idea que hasta hace algunos años se tenía del Hombre de Neanderthal ciertamente no le hace ninguna justicia.
Según informa el Museo Nacional de Historia Natural del Reino Unido, los hombres de Neanderthal no eran ningunos hombres monos y llamarlos de esa manera puede considerarse un insulto ya que poseían una cultura y una forma de vida mucho más compleja de lo que se pensaba hasta hace años haciéndose claro que corresponde a una variedad de hombres que han sido subestimados por la ciencia durante años.
Es claro que los hombres de Neanderthal o típicos cavernícolas, convivieron con el Homo sapiens u hombre moderno principalmente en Eurasia, e incluso se aparearon y tuvieron descendencia juntos. Este último detalle, aclara de inmediato que estas personas no eran hombres monos, ya que, de ser así, no pudieran haber producido descendencia como resultado de un apareamiento.
La línea de separación específica, no permite que haya descendencia en el cruce o apareamiento de individuos de géneros distintos. No puede haber descendencia como resultado del apareamiento del género Homo con el género Pan, Gorilla o Pongo (chimpancé, gorila y orangután), que son los homínidos más cercanos que actualmente existen.
Sin embargo, los investigadores han concluido que, sí hubo apareamiento entre Homo sapiens y Homo neanderthalensis y que además hubo descendencia entre ellos, cuyos genes se rastrean hasta el día de hoy en los modernos seres humanos.
Si bien hoy en día, el término “cavernario” es frecuentemente utilizado de manera genérica para referir a la gente que vivió en una época primitiva de la historia humana, hoy en día, se reconoce bajo este término a los menos a cinco grupos sociales: Los Neanderthal, el Homo Sapiens arcaico, el Homo Erectus, el Hombre de Denisova y el Hombre de Flores. Los últimos dos grupos se han descubierto recientemente. Los desinovanos en Siberia y los Hombres de Flores en Indonesia. Es claro que todos ellos eran hombres en verdad, seres humanos con algunas diferencias, pero seres humanos en verdad.
De hecho y en cuanto al Hombre de Neanderthal, el título de “cavernario” podría estar en duda, ya que investigadores recientemente, desenterraron una perfecta morada hecha de huesos de mamuts en superficie. Lo mismo se puede decir del Homo sapiens arcaico y del Hombre de Flores. Siendo así, el concepto de “hombre de las cavernas” cada vez parece estar más en retirada de acuerdo a los propios hallazgos que informa la ciencia.
Ahora bien, es claro que todos estos grupos que hoy son incluidos en el concepto de “hombres de las cavernas”, eran verdaderos hombres y no simios a medio evolucionar u hombres monos como se les llamó hasta pasada la primera mitad del Siglo XX.
Parece ser y esto de acuerdo a la evidencia, que en realidad estos llamados hombres de las cavernas eran en verdad distintas variedades de hombres y cada día cobra mayor fuerza la idea de que estos hombres no estaban tan lejos del Homo sapiens como inicialmente se pensaba.
Si bien, siempre se ha enseñado que estos hombres de las cavernas eran inferiores al actual Homo sapiens, especialmente en cuanto a sus capacidades intelectuales y por lo mismo se les representaba con un rostro más cercano a los chimpancés y con características simiescas, lo cierto es que tal idea está hoy en franca retirada.
Hasta hace algún tiempo, se creía que los hombres de Neanderthal eran verdaderos “hombres monos”, los antecesores directos del hombre moderno y se les representaba como hombres simiescos, encorvados y con aspecto de brutos. Sin embargo, la Revista Harper’s de diciembre de 1962 señala lo siguiente: “Los neandertalenses no eran mal desarrollados, doblados, ni brutales como comúnmente se alega.”
The World Book Encyplopedia de 1966, tomo 15, pág. 672 indica: “Al principio, los científicos pensaron que el Hombre de Neandertal, era una criatura agachada, doblada hacia adelante, con aspecto de bruto, algo parecido a un mono. Pero investigación de más tarde mostró que el cuerpo de los hombres y mujeres neandertalenses era completamente humano, plenamente erecto, y muy muscular. Su cerebro era tan grande como el del hombre moderno.”
Si bien los estereotipos de los hombres de las cavernas han prevalecido por más de 100 años como resultado de lo que nos ha venido enseñando la ciencia, lo cierto es que nuevos descubrimientos y el conocimiento de una realidad más exacta sobre los llamados cavernícolas, nos lleva hoy en día a pensar que eran hombres muchos más parecidos a nosotros de lo que creíamos. Incluso hay quienes postulan, que un hombre de Neanderthal pudiera pasar desapercibido para muchas personas que lo vieran vestido de traje en el ferrocarril suburbano o viajando de traje en un bus.

La moderna ciencia señala que así podría lucir un hombre de Neanderthal vestido de traje hoy en día
Si a la imagen anterior, le quita el aspecto avejentado y deteriorado de la piel, que es sólo una apariencia estereotipada para darle la idea de ser un hombre de la antiguedad pero que en ningún caso debe haber sido así, tendríamos a un hombre de rasgos posiblemente toscos con relación a un hombre europeo, no obstante, un hombre absolultamente normal a la vista de cualquier otro hombre. ¿Estos eran los hombres de las cavernas?
Se da cuenta, que nuestra concepción de las realidades del pasado ha sido absolutamente influenciada por lo que dice la ciencia y que no resulta de ninguna manera confiable, ya que cambia prácticamente con cada nuevo descubrimiento y que nos va mostrando que los hombres del pasado, cada vez tienen menos de cavernarios.
Si bien, el Hombre de Neanderthal, que es el mejor documentado de los hombres de las cavernas, era un verdadero hombre y muy semejante a nosotros, también es cierto que la morfología del cráneo evidencia algunas diferencias con relación al cráneo de un hombre actual.

Aspecto comparativo del cráneo de Homo sapiens (hombre actual) y Homo neanderthalensis (el hombre de las cavernas)
Como primer punto, se puede decir que la capacidad craneana del Hombre de Neanderthal era mayor que la del hombre actual (aprox. 1500 cc). En esto, no se observa una evolución hacia un cerebro de mayor tamaño como se postula en la historia de los primates según el modelo evolutivo, sino más bien una regresión desde el Neanderthal hacia el hombre moderno con un cerebro más pequeño.
Hay un ligero prognatismo en H. neanderthalensis que destaca frente al ortognatismo de H. sapiens, con una mayor angulación del hueso nasal y un alargamiento del tabique divisor de las fosas nasales que descansa sobre el maxilar ligeramente adelantado y que presenta una dentición un poco mayor que la de hombre moderno, porque igualmente posee una mandíbula o hueso dentario también mucho más masico, carente de mentón, con una rama mandibular más ancha y una escotadura coronoides menos profunda. El arco zigomático igualmente resulta más masivo, dejando ver que en vida, este linaje de hombre poseía una musculatura asociada a las masticación mucho más masiva que el hombre moderno. Resalta igualmente, el arco superciliar sobre las cuencas oculares que produce un relieve notable que contrasta con el hueso frontal ligeramente inclinado hacia atrás y un hueso parietal de mayor longitud que en el humano moderno. Al observar todas estas diferencias morfológicas: ¿se puede decir que en realidad dan cuenta de un "hombre primitivo"?
¿Por qué los neandertales tenían esta apariencia tan distintiva? Se puede argumentar cambios provocados por el medioambiente, causados por la luz solar limitada, una dieta deficiente y / o enfermedades (incluido el raquitismo, la artritis y la sífilis). Igualmente, se podría decir que la frente pronunciada y la gran capacidad cerebral estaban relacionadas con sus vidas muy largas, ya que la gente posterior al Diluvio vivía mucho más tiempo que el hombre moderno (Génesis 10:10-32). Igualmente, lo que se aprecia en el H. neanderthal, así como también en restos de los denisovanos eran hombres de mayor corpulencia que el hombre actual, ya que al ser descendientes de los hombres anteriores al Diluvio, muchos de ellos eran de mayor estatura y corpulencia que el hombre de hoy lo cual igualmente debe haber incidido en la morfología craneana de este linaje ancestral.
Recordemos, que el medioambiente impone cambios que hoy mismo se observan en los seres humanos al comparar el color de piel, las facciones del rostro, el tamaño (los hombres grandes de la tribu Masai en África y los pigmeos que viven en las selvas ecuatoriales del mismo África), etc.

Un hombre actual comparado con los pigmeos de África Ecuatorial
¿Afecta el medioambiente a la morfología de los hombres?
La respuesta es sí
LA BIBLIA Y LOS MORADORES DE LAS CAVERNAS
La Biblia deja ver que cada vez que los hombres enfrentaron una crisis o fueron despojados de los privilegios de la civilización llegaron finalmente a morar en cuevas o cavernas (Josué 10:16; Jueces 6:2; Isaías 2:19; 2:21; 1 Samuel 13:6; 2 Samuel 23:13; 1 Crónicas 11:15; 1 Reyes 18:13; Ezequiel 33:27).
Lea Génesis 19:30. Cuando Lot huyó de la destrucción de Sodoma y Gomorra y las ciudades comarcanas, pensó que se había destruido todo vestigio de civilización y junto a sus hijos estuvo morando en una cueva, después de haber vivido bastante mejor en Sodoma. La Biblia registra otras personas que también bajo ciertas circunstancias llegaron a vivir en cavernas como David (1 Samuel 22:1), Abdías (1 Reyes 18:3-4) y Elías (1 Reyes 19:9).
La Biblia deja ver que tras un evento catastrófico, los hombres suelen buscar refugio en las cavernas de la Tierra (Génesis 19:30).
La propia historia confirma que, en numerosas circunstancias, personas que estaban siendo perseguidas o afligidas por los poderes imperantes huyeron a las montañas y en las fortalezas de las rocas hallaron un nuevo hogar en las cuevas y en las cavernas de los montes (Hebreos 11:38).
Respecto a la experiencia de los Valdenses durante la Edad Media se dice: “Los que permanecieron firmes en la antigua fe se retiraron; algunos, abandonando sus tierras de Los Alpes, alzaron el pendón de la verdad en países extraños; otros se refugiaron en los valles solitarios y en los baluartes peñascosos de las montañas, y allí conservaron su libertad para adorar a Dios.” (CS 69)
Sí, la historia y aún la propia Biblia confirman que cuando debido a las circunstancias el ser humano se ve privado de la civilización, busca refugio en las cuevas y en las cavernas de los montes y aprende a vivir una nueva vida, sin los adelantos del mundo civilizados y dependiendo de sus propios recursos e inventiva para proveerse alimento y abrigo (Lea con detención este proceso en Job 30:3-8).
¿Recuerda Ud. la película "El náufrago"? En esta película Tom Hanks, interpreta a un hombre exageradamente dedicado a su trabajo y esclavo del tiempo y de los horarios, quien repentinamente y producto de un accidente aéreo, llega a vivir a una isla inhabitada donde poco a poco, debe aprender a sobrevivir sin contar con los recursos que le provee la civilización.
En su aventura, debe aprender a utilizar piedras o elementos contundentes para abrir el fruto de las palmeras, se ve en la necesidad de aprender a producir fuego, y lo hace tal como se cree que lo hicieron los primeros hombres que descubrieron el fuego hace cientos de miles de años atrás.
Igualmente, comienza a fabricar lanzas y flechas y termina viviendo en una caverna y después de algunos años y una vez que su ropa se había destruido, comienza a vestir un taparrabo igual que los hombres de las cavernas que nos muestran las imágenes de la prehistoria y de la humanidad primitiva. Sin embargo: ¿era este personaje un hombre primitivo? No, evidentemente que no. Era un hombre civilizado. ¿Cómo llegó a convertirse en un “hombre primitivo”? Sencillamente, cuando se vio despojado de la civilización.
Fíjese que el proceso que vivió el personaje de Tom Hanks, sigue la misma lógica que nosotros asignamos al “hombre primitivo” y que es la que describe Job 30:3-8. Primero, aprende proveerse de alimentos naturales y a usar como herramientas elementos como piedras o palos para extraer el alimento de frutos o huesos. Descubre la manera de producir fuego y comienza a cocinar sus alimentos. Comienza a fabricar elementos que le permitan cazar o defenderse de manera más eficaz como garrotes, lanzas y flechas. Se busca una caverna para protegerse de las inclemencias del tiempo y asegurarse protección y abrigo por las noches. Comienza a fabricar ropas a partir de los elementos que tiene a disposición, hojas de árboles y pieles. Finalmente, comienza a dejar grabados en las paredes de la caverna y termina construyendo una primitiva embarcación para buscar otro lugar donde ir ¿No le resulta familiar todo esto?


La película “El náufrago” deja ver cómo un hombre civilizado se vuelve literalmente “un hombre de las cavernas”
al ser despojado de los adelantos y beneficios de la civilización.
De la misma manera que ocurrió con el personaje de la película “El náufrago”, los hombres que vivieron después del Diluvio, se vieron en la circunstancia de tener que aprender a vivir sin los recursos que les proveía la civilización y vivir en las cavernas para poder sobrellevar las inclemencias del tiempo posterior al desastre y proveerse de un lugar que les diera cierta seguridad y protección, además de abrigo.
De manera general, los hombres se ocultan en las cavernas para protegerse de algún peligro o de algo que los asusta. Una vez que pasó el Diluvio, los hombres no tenían hogar. Las obras de sus manos que antes eran su orgullo ya no estaban y por doquiera veían desolación, destrucción y ruina. Estos hombres temieron por sus vidas y el temor los llevó a buscar refugio en las cavernas de las montañas a fin que la desolación no los alcanzara nuevamente siendo ésta una conducta común en los seres humanos. (Compare con Isaías 2:17-19; Apocalipsis 6:15-17).
¿Por qué no vivieron en tiendas o edificaron ciudades? Sencillamente, porque después del Diluvio los hombres tuvieron que aprender nuevamente a hacer todas las cosas y tardaron muchos años en recuperar lo que habían perdido.
No fue fácil para el ser humano retomar el curso de su vida después del Diluvio. La civilización, tal como ellos la conocieran, había desaparecido completamente y tuvieron que empezar de nuevo. No teniendo elementos ni herramientas con que fabricar nuevas moradas, comenzaron a habitar en cavernas o donde las posibilidades se lo permitieran. Grupos de sobrevivientes, habitaron en las cavernas e hicieron en esas cuevas su morada, aprendiendo a hacer fuego y cocinar sus alimentos de manera muy rudimentaria. Se alimentaban de lo que podían y en esas condiciones la vida se tornó muy dura e incierta, sobre todo durante los primeros años después del cataclismo.
Evidentemente, concluir que los hombres de las cavernas corresponden a quienes vivieron después del Diluvio resulta en principio descabellado, pero esto es porque como resultado de nuestra educación secular tenemos impreso con fuego en nuestra mente la idea de la evolución y de que venimos evolucionando como especie a partir de hombres parecidos a monos que vivían en las cavernas, no obstante, la ciencia día a día descubre nuevas cosas acerca de estos "hombres de las cavernas" y concluye que primero, no eran hombres parecidos a monos, y luego, que poseían una cultura mucho más sofisticada de lo que pensabamos y que, en gran medida eran semejantes a nosotros, pero sin los privilegios de la civilización de que hoy gozamos como parte de nuestras vidas.
Sin embargo, puede que alguien pregunte: ¿cómo pudieron los hombres después del Diluvio transformarse en cavernarios? Ya dijimos, que si a un hombre moderno se le priva de los avances de la civilización su destino es volver a la época de las cavernas. Este mismo aserto, lo sostienen quienes advierten por ejemplo contra los riesgos de una futura guerra nuclear, diciendo que nos haría volver a la edad de las cavernas.
Por otra parte, si bien quienes viven en la actualidad, no advierten plenamente los privilegios de la civilización ya que estamos acostumbrados a cocinar a gas, iluminarnos con energía eléctrica y ver televisión o hablar por telefonía móvil, lo cierto es que en este mismo momento, existen hombres, mujeres y niños que viven ajenos a todo esto, sobreviviendo en las sabanas de África, en la jungla del Mato Grosso o en lugares inhóspitos en Australia. Estos aborígenes, existen en nuestro propio tiempo y la vida de ellos, no es muy diferente en líneas generales a la vida que se le atribuía a los cavernarios del Período Pleistoceno.

Bajo el eslogan "Aborígenes de Australia: hombres del quinto mundo" se habla de una población de personas que viven en nuestros días y cuya forma de vida puede ser tildada de absolutamente "prehistórica" comparada con la forma de vida de cualquier hombre moderno. Incluso, si se observa con detención las personas que conforman estos grupos etnícos, evidencian una nariz ancha y arcos superciliares prominentes tal como se describe generalmente a los hombres de Neanderthal. Sin embargo, son hombres modernos y que no obstante producto de las circunstancias, viven alejados de la sociedad humana y de su civilización.
¿EN QUÉ ÉPOCA VIVIERON LOS CAVERNÍCOLAS?
Ahora bien, si los cavernícolas corresponden a poblaciones de seres humanos que vivieron después del diluvio y que despojados de la civilización en que vivieran, habitaron en cavernas para sobrellevar las consecuencias del cataclismo ocurrido hace ± 4500 años atrás ¿no entra esto en conflicto con las dataciones de la ciencia que indica que estos seres humanos vivieron hace millones de años atrás o cientos de miles de años antes del presente?
Durante muchos siglos, se aceptó que la antigüedad del hombre y de las especies concordaba de manera general con el tiempo y los cómputos que aportaba la Biblia en su registro y que en líneas generales habla de una cronología que bordea los seis mil años contados desde el momento mismo de la creación del hombre en la Tierra, no obstante, los modernos sistemas de cálculo arrojan cómputos que superan los 4.000 millones de años para la antigüedad de las rocas y de 600 a 700 millones de años para la antigüedad de las especies más primordiales como por ejemplo algunos formas parecidas a crustáceos y moluscos. ¿Cómo es que los científicos llegan a calcular tal cantidad de millones de años con relación a la existencia de las especies?
El cálculo del tiempo geológico y la correspondiente antigüedad asignada a las especies se basa en métodos que miden el tiempo relativo con relación al ordenamiento de procesos geológicos y que se conoce como Estratigrafía, y en el registro del tiempo absoluto basado en la medición del decaimiento radioactivo de ciertos elementos que se supone constante en el tiempo, método conocido como Radiometría.
Si bien en el pasado se intentó establecer una escala de tiempo geológico usando distintos métodos de cálculo, lo cierto es que hoy en día básicamente se emplean sólo dos de éstos, la Estratigrafía y la Radiometría, los cuales a su vez aportan datos de antigüedad relativa y absoluta, ya que el primero se basa en cálculos que suponen un ordenamiento geológico establecido por un principio de superposición de los estratos sedimentarios de la Tierra, mientras que el segundo se basa en un cálculo matemático con relación a las leyes físicas de degradación radioactiva.
Hasta aquí, la ciencia continúa buscando métodos precisos que le permitan establecer con seguridad la antigüedad de la Tierra, de las rocas y de las especies fósiles, no obstante, aún no se puede decir que se cuente con un método exacto por más que algunos especialistas aboguen decididamente por los métodos de datación radiométricos, los que de acuerdo a la realidad en variadas ocasiones han aportado datos erróneos y fechas confusas con relación a la edad de la Tierra y de las especies que se han encontrado en estado fósil.
En consideración a lo anterior y si bien la cronología que aporta la Biblia, que suma hasta 6 mil años desde la creación del mundo ha sido persistentemente antagonizada por quienes asumen una postura “científica”, lo cierto es que no existe modo alguno de desacreditar fehacientemente los datos que ésta aporta en cuanto al tiempo que posee la Tierra, que bien puede ser de incluso millones de años, y la antigüedad que asigna a las especies, que se enmarca dentro del rango más limitado de 6 mil años.
Hasta aquí, no se ha podido demostrar con claridad que las especies en verdad posean millones de años ya que el tiempo absoluto, basado en el decaimiento radioactivo, se basa en una presunción, a saber, que la penetración de rayos cósmicos del pasado, era igual a la que se observa hoy en día, lo cual no necesariamente puede haber sido así. Si la penetración de rayos cósmicos en nuestra atmósfera resultase distinta en el pasado a lo que es hoy en día, todos los cálculos de tiempo en base a Carbono, Cesio, Uranio o Plomo, estarían virtualmente equivocados.
Por otra parte, el tiempo relativo basado en una argumentación mucho más débil que el tiempo absoluto, se basa en la interpretación de las capas geológicas de la Tierra, interpretación que no necesariamente está llamada a ser correcta y pudiera llegar a variar si cambia la información que la fundamenta.
El tiempo geológico es quizás uno de los conceptos más difíciles de aceptar para el entendimiento humano. La gran extensión de la escala geológica de la Tierra y la lentitud con que aparentemente habrían sucedido los eventos en la historia del mundo son causa de mucha perplejidad y desconcierto para el hombre común.
La cantidad de millones de años que establece la ciencia con relación a la historia geológica de la Tierra e igualmente de las especies es difícil de concebir y en líneas generales no concuerda con el concepto de tiempo que maneja la historia basada en los datos que aporta la cultura humana, datos que principalmente son aportados por el registro bíblico.
La Escala Geológica del Tiempo es un sistema internacional que se estableció por primera vez hace 180 años. Con el correr del tiempo dicha escala se ha mejorado, pero en líneas generales se mantiene tal como se definió en el pasado basándose en los grandes trastornos o alteraciones que se produjeron supuestamente a lo largo de la historia de la Tierra y de la vida, como las extinciones masivas. La escala del tiempo geológico se basa en la comprensión de dos aspectos del pasado: el tiempo absoluto y el tiempo relativo, el primero a través de los cálculos de decaimiento radioactivo y el segundo a través de las estimaciones de la Estratigrafía.
Con base a estos dos sistemas para la determinación de antigüedad de rocas y fósiles, se ha estructurado una escala básica que permita comprender el tiempo geológico a fin de ubicar los eventos que han ocurrido en el pasado y las criaturas que existieron en el pasado en un plano de tiempo adecuado y comprensible para todos.
La Escala del Tiempo Geológico que comprende el desarrollo de la vida en la Tierra está subdividida básicamente en cuatro Eras cuya denominación refiere a cuatro etapas en las que se piensa se habría desarrollado la vida en nuestro planeta. Las Eras se subdividen a su vez en Períodos y estos últimos en Épocas. Todo lo anterior, sin considerar la Era Azoica o época en que no existía vida en nuestro planeta, tiempo inmensamente anterior y en que se entiende se formó la Tierra hace más o menos 4.600 millones de años.
¿Qué se puede decir de todo esto? ¿Existe absoluta certeza de que en verdad la Tierra y las especies cuentan con millones de años divididos en eras, períodos y épocas? Lo cierto es que no. Todo se basa en muchas suposiciones, algunas de las cuales con el propio transcurso del tiempo se han abandonado al probarse que estaban basadas en principios erróneos.
En el pasado, por ejemplo, se intentó establecer y cuantificar una escala de tiempo geológico usando como medida de cálculo el incremento de la salinidad de los mares y océanos. También se intentó determinar una escala de tiempo basada en la velocidad de la sedimentación de las rocas e incluso se pretendió establecer un sistema de cálculo basado en la velocidad de la pérdida de calor radioactivo de la corteza terrestre o si quiere decir de otro modo, calculando la velocidad del enfriamiento progresivo del planeta.
Sin embargo y con relación a este último sistema de cálculo de antigüedad geológica, en 1903 se descubrieron las sales de radio que liberan calor de modo constante y los cálculos basados en el enfriamiento del planeta se derrumbaron tras cuarenta años de haber gozado de un importante grado de credibilidad. ¿Qué se desprende de todo esto?
Sencillamente que no existe certeza alguna de que los millones de años que aporta la ciencia con base en sus distintos métodos de cálculo sean una base segura sobre la cual establecer la antigüedad de la Tierra y de las especies ya que una y otra vez han arrojado datos discordantes y contradictorios.
Siendo así, las edades que aporta la Biblia aún no pueden ser absolutamente discutidas, aunque en atención a la realidad la mayoría de los científicos las han rechazado, no obstante, mirado desde el punto de vista de la fosilización y de la extinción de las especies, a todas luces resulta más sensato aceptar las edades que postula la Sagrada Escritura en contraposición con la cronología aportada por la ciencia. ¿Por qué se puede decir esto?
Fundamentalmente, porque la antigüedad que aporta la ciencia con relación a la edad de la Tierra y de las especies está sujeta a constante cambio, de donde se desprende que los métodos que hasta hoy se han empleado para establecerla no son en modo alguno precisos, determinándose en ocasiones hasta variaciones de miles de millones de años en cuanto a la extensión cronológica de alguna era, por ejemplo, lo que cualquier investigador sincero puede comprobar con mediana facilidad.
Siendo así, aunque la ciencia basa generalmente sus conclusiones con atención a las fechas absolutas aportadas por la Radiometría, no deja de ser cierto que muchas veces estas fechas han debido ser modificadas con base a nuevos cálculos o definitivamente abandonadas en espera de nuevos métodos que permitan alcanzar un nivel de confianza mayor respecto a la verdadera antigüedad de los fósiles y de los restos orgánicos que la ciencia y especialmente la Paleontología estudia.
Es claro que la Biblia después de relatar el hecho de la creación, describe un período de gran catástrofe sobre la tierra (el Diluvio), tiempo durante el cual, la civilización humana fue totalmente destruida, con excepción de 8 personas. La humanidad se vio entonces obligada a comenzar de nuevo y se perdió todo lo avanzado en términos de tecnología y herramientas. Es en este contexto, que el hombre llegó a vivir en cuevas e hizo uso de herramientas rudimentarias de piedra. Estos hombres no fueron primitivos en cuanto a ignorar el uso de los elementos, simplemente fueron indigentes ya que perdieron todos los privilegios de la civilización. Ciertamente, los hombres posteriores al Diluvio y que vivieron en las cavernas no fueron mitad simios. La evidencia que aporta el registro fósil es muy clara: los hombres de las cavernas eran humanos (de ahí, el término “hombres” de las cavernas), sencillamente hombres que vivieron en cuevas.
CARBONO 14 ¿ES CONFIABLE EL SISTEMA?
¿Cómo es que los científicos llegan a la conclusión de que los fósiles que se han encontrado poseen millones de años de existencia?
Bueno, por una parte cuando se habla de fósiles o especies que vivieron hace millones de años, se utiliza el cálculo de decaimiento radioactivo de Uranio, Plomo, Cesio, etc., mientras que si se desea datar fósiles o restos de organismos de menos de 50 mil años, se utiliza el Carbono 14, aunque el principio teórico es el mismo, el decaimiento radioactivo de ciertos elementos, en este caso el Carbono.
La mayoría de las personas que estudian el tema, saben que el método que se usa actualmente para datar la existencia de las criaturas en el tiempo se basa en la medición del elemento radiocarbono en los restos encontrados. Este elemento es también conocido como Carbono 14 o C-14. ¿En qué consiste este método de medición?
Pues bien, un científico llamado Willard Libby, quien recibió el premio Nobel por el desarrollo de esta técnica, propuso que, al estar la atmósfera terrestre compuesta en gran medida de nitrógeno, éste elemento se transforma en radiocarbono al entrar en contacto con una clase de rayos cósmicos con alto contenido de energía que proceden del exterior de nuestro planeta. Este radiocarbono o Carbono 14 es asimilado por los organismos vegetales, las plantas, las que, al ser consumidas por otros organismos, animales y el propio hombre, pasa a ser asimilado a su vez por estos últimos. La cantidad de radiocarbono o Carbono 14 que se encuentra en la atmósfera está determinada por el grado de penetración de los rayos cósmicos en nuestra atmósfera, la cual no es constante y está sujeta a variación.
El Carbono 14 posee una vida media de aproximadamente 5.730 años, después de lo cual vuelve a su estado original de nitrógeno. Los estudios de Libby demostraron que después de 5.730 años aproximados, un organismo pierde naturalmente la mitad del radiocarbono que ha asimilado hasta el momento de su muerte, de modo que al ocurrir esto indicaría que los restos encontrados deben ubicarse en esa media de tiempo. Al cabo de unos 12.000 años se habrá perdido la mitad de esa mitad y así sucesivamente. Todo resto fósil que no denuncie presencia de Carbono 14, según este sistema de cálculo, debe ser datado con una fecha superior a los 50.000 años.
Asumiendo que el sistema de medición es correcto, los restos de data superior a 50.000 años presentan un problema serio a los paleontólogos, ya que entonces sólo se puede especular sobre la data real de una especie, pudiendo decirse que posee 1 millón de años o 10 millones, no existe forma de determinar esto con absoluta certeza, salvo que recurramos no a la edad del resto orgánico como tal sino a la edad de la roca que lo contiene.
Por otra parte, el sistema de medición basado en el Carbono 14 presenta un serio problema de confianza, ya que se basa en una suposición, a saber, confiar que la característica de nuestra atmósfera se ha mantenido inalterable desde el inicio de los tiempos y que esto supondría que la presencia de C-14 que existía en la atmósfera de la Era Precámbrica, Paleozoica, Mesozoica o Cenozoica era la misma que se registra hoy día, de modo que las criaturas llegaban a absorber antaño las mismas cantidades de Carbono 14 que las criaturas actuales. Sólo así, las mediciones con base en el radiocarbono se podrían suponer confiables.
¿Qué sucedería con el sistema de medición científico si la cantidad de radiocarbono atmosférico no se hubiese mantenido constante en el tiempo?
La afamada revista Science Digest, publicada en diciembre del año 1960, pág. 19, planteó lo siguiente: “Ciertísimamente arruinaría algunos de nuestros métodos cuidadosamente desarrollados de fechar las cosas del pasado.” “Si el nivel de carbono 14 era menos en el pasado, debido a mayor protección magnética contra los rayos cósmicos, entonces nuestro cálculo del tiempo que ha pasado desde la vida del organismo será demasiado largo.”
Al respecto, es claro que los científicos han asumido que la característica de nuestra atmósfera no se ha mantenido inalterable en el tiempo y que los índices de Carbono 14 han sufrido alteración en el tiempo. Lo anterior, según se desprende del siguiente comentario:
“Los científicos han descubierto que la concentración del C-14 en el aire y en el mar no ha permanecido constante a través de los años, como originalmente se suponía.” (Science Year, pág. 193, edición de 1966).
Siendo así, si la presencia de radiocarbono hubiese sido menor en el pasado, echaría por tierra el sistema de medición que usan fervientemente los científicos para datar la edad de existencia de los fósiles. Un organismo viviente que hubiese vivido en épocas remotas habría asimilado entonces menos radiocarbono del esperado y la presencia de este elemento en sus restos sería absolutamente engañosa para el sistema de medición, el que pudiera eventualmente asignarle más edad de la que realmente posee, lo anterior, porque el sistema ideado por Willard Libby no mide específicamente edad sino presencia de radiocarbono en un cuerpo.
Ciertamente con un sistema tan poco confiable, es muy fácil cometer errores en el cálculo de edad de las criaturas o de las cosas. Sobre esto trata el siguiente comentario:
“Aunque fue aclamado como la respuesta a la oración del prehistoriador cuando por primera vez se anunció, ha habido desilusión aumentante con el método debido a incertidumbres cronológicas (en algunos casos, absurdos) que resultarían de la adherencia estricta a fechas de C-14 publicadas.”
“Lo que parece que llegará a ser un error clásico de ‘irresponsabilidad de C-14’ es la extensión de 6.000 años de 11 determinaciones para Jarmo, una aldea prehistórica en el nordeste de Irak, que, sobre la base de toda la evidencia arqueológica, no fue ocupada por más de 500 años consecutivos.” (Science, 11 de diciembre de 1959, pág. 1630).
Puesto que la hipótesis que sustenta el método de datación absoluta por medio del C14 se basa en la premisa de que las tasas de producción de radiocarbono en la atmósfera han permanecido constantes a lo largo del tiempo, cualquier variación en este último aspecto, desvirtuaría completamente el sistema y nos conduciría a errores de muchos miles, o hasta de millones de años en la datación de restos orgánicos.
En 1958 Hessel de Vries demostró que la tercera hipótesis no es cierta y que la concentración de C-14 en la atmósfera ha variado y varía con el tiempo. Algunos factores naturales responsables de esta variación son el flujo de radiación cósmica, la intensidad del campo electromagnético solar y la intensidad del campo magnético terrestre.
En efecto, de Vries demostró que anomalías desconcertantes en las fechas de C14 observadas por Willard Libby para muestras egiptológicas, eran de hecho anomalías sistemáticas a escala mucho mayor en las fechas del C14, fenómeno que se ha denominado "efecto de Vries".
¿Se puede confiar en la estabilidad de las proporciones de C14 en la atmósfera? La respuesta es no. La proporción de C14 atmosférica se ve afectada por diversos factores y es presuntuoso pensar que ésta se ha mantenido estable a lo largo de millones de años. De hecho, entre 1945 y 1963, se verificó un aumento de la presencia de C14 en la atmósfera debido a las pruebas nucleares que durante ese período de tiempo realizaron británicos, noerteamericanos y soviéticos.
Si bien y considerando que definitivamente la incidencia de los rayos cósmicos en la atmósfera de la Tierra no se ha mantenido estable a lo largo del tiempo, echando por tierra el principio del actualismo en que se fundaba, dicho sistema ha tratado de ser calibrado a través de los datos aportados por otro sistema de datación llamado dendrocronología que busca determinar la edad de los árboles a partir de sus anillos de crecimiento. Se dice que este sistema de datación evidencia un margen de error de ± 1 año, considerándose bastante preciso.
Ahora bien, aunque las fechas obtenidas en muestras de árboles de unos 3000 años de antigüedad utilizando la dendrocronología y la datación por radiocarbono resultan ser muy similares, esto no ocurre para árboles más antiguos y en que las comparaciones arrojan diferencias significativas que pueden llegar al 15 % del tiempo especificado y aún mayores cuando nos remontamos a 40.000 y 50.000 años atrás. ¿Cuál es el origen de estas diferencias que se producen a mayor cantidad de tiempo? ¿Son debidas únicamente a la variación de los niveles de radiocarbono en el pasado o hay otros factores? La dendrocronología determina que existen diferencias significantes en el tiempo aportado y las fechas de radiocarbono, sin embargo, los investigadores no logran deducir cuáles son los factores responsables ni la importancia relativa de estas diferencias.
Según algunos investigadores, si no se logra establecer con claridad las circunstancias y los factores que inciden en la variabilidad de las fechas de antiguedad aportadas por la datación por radioisótopos, no sólo por radiocarbono, requeriría una revisión general del sistema y consecuentemente, muchas de las fechas aceptadas en la actualidad, entre ellas propia edad de la Tierra así como de las especies que la pueblan, tendrían que ser modificadas. (Para mayor información sobre la variabilidad de las fechas aportadas por C14 ver: https://desayunoconfotones.org/2015/06/01/es-fiable-la-datacion-por-radioisotopos/
¿Entonces hace cuánto tiempo vivieron los hombres de las cavernas? Los sistemas que actualmente se utilizan, no nos dan ninguna confianza al respecto y los científicos continúan confiando en ellos porque desgraciadamente es lo único que hay hasta el momento.
EL DILUVIO Y LA HISTORIA GEOLÓGICA DE LA TIERRA
¿Ha cambiado la característica de la atmósfera terrestre respecto del pasado? La Biblia dice que sí. Antiguamente, es decir antes del Diluvio, la Sagrada Escritura señala que una expansión de agua incalculable existía como parte de nuestra atmósfera. En hecho, el grado de humedad resultante de esta capa atmosférica diferente, hacía que las condiciones de la Tierra fueran muy distintas a las actuales.
La existencia de esta capa acuosa presente en la atmósfera, a criterio de los científicos, ciertamente hubiese influido de manera determinante en la penetración de los rayos cósmicos a nuestro planeta incidiendo directamente en la cantidad de nitrógeno a convertir en Carbono 14, lo que a su vez hubiese determinado que las criaturas existentes antes del Diluvio, cuando esta capa protectora se derramó en forma de lluvia, hubiesen asimilado menos cantidad de C-14. Esto ciertamente arruina por completo el sistema de medición de la ciencia haciendo parecer que restos orgánicos conservados como fósiles parezcan tener una edad o antiguedad mucho mayor que la que en realidad tienen (Génesis 1:6-8; 2:4-6).
Los descubrimientos de la ciencia han confirmado que efectivamente hubo un cambio en el pasado. La presencia de restos fosilizados de caracoles, peces u otros animales marinos en zonas como el desierto chileno, la Cordillera de los Andes, etc., hace suponer que un cambio dramático se verificó en el pasado y que llevó a que densas zonas pobladas se transformaran en lechos marinos y a su vez zonas que originalmente estaban cubiertas por las aguas, se convirtieran en áridos desiertos o emergieran como cadenas montañosas. Justamente este es el tipo de cambio de que habla la Biblia en Salmo 104:6-9.
Los hechos de que se habla, manifiestan claramente que el polo magnético de la Tierra sufrió un brusco cambio y que a su vez provocó los cambios descritos. Es un hecho, que de haber variado en algún punto el polo magnético de la Tierra, esto igualmente hubiese influido en el impacto de los rayos cósmicos sobre la capa de Nitrógeno de nuestro planeta y finalmente esto también echaría por tierra el sistema de Carbono 14, toda vez que antes de dicho cambio brusco, la presencia de C-14 en la atmósfera sería indudablemente distinta a la actual.
Todo esto, lleva a pensar que posiblemente los datos de antiguedad que la ciencia propone para los fósiles, estén totalmente desvirtuados por una incompleta comprensión de las verdaderas condiciones de la Tierra en el pasado, lo cual pudiera explicar por ejemplo, el hallazgo de tejido blando no fosilizado en los restos de un Tyrannosaurus rex de hace más de 65 millones de años durante la década del 2000 en Estados Unidos y que fue debidamente reportado en un artículo científico como algo increíble para la ciencia.
Si bien, en principio se cuestionó este sorprendente hallazgo, argumentándose que es imposible que tejido blando se pueda conservar sin fosilizar en un animal que se cree vivió hace más de 65 millones de años, hoy en día, la fuerza de la evidencia ha llevado a aceptar lo inaceptable y entonces la ciencia se ha visto en la obligación de elucubrar explicaciones físicas y químicas poco creíbles para explicar tal fenómeno que no cuadra con lo que se ha creído a partir de lo que la geología y la paleontología ha venido enseñando desde hace más de 100 años.
Hasta aquí, los hechos que la Biblia describe se mantienen sin ser desmentidos por la ciencia, mientras que las teorías que sostienen la edad de las especies, sigue siendo vapuleada por la propia evidencia.
“Los geólogos alegan que en la misma tierra se encuentra la evidencia de que ésta es mucho más vieja de lo que enseña el relato mosaico. Han descubierto huesos de seres humanos y de animales, así como también instrumentos bélicos, árboles petrificados, etc., mucho mayores que los que existen hoy día, o que hayan existido durante miles de años, y de esto infieren que la tierra estaba poblada mucho tiempo antes de la semana de la creación de la cual nos habla la Escritura, y por una raza de seres de tamaño muy superior al de cualquier hombre de la actualidad. Semejante razonamiento ha llevado a muchos que aseveran creer en la Sagrada Escritura a aceptar la idea de que los días de la creación fueron períodos largos e indefinidos.
Pero sin la historia bíblica, la geología no puede probar nada. Los que razonan con tanta seguridad acerca de sus descubrimientos, no tienen una noción adecuada del tamaño de los hombres, los animales y los árboles antediluvianos, ni de los grandes cambios que ocurrieron en aquel entonces. Los vestigios que se encuentran en la Tierra dan evidencia de condiciones que en muchos respectos eran muy diferentes de las actuales; pero el tiempo en que estas condiciones imperaron sólo puede saberse mediante la Sagrada Escritura. En la historia del Diluvio, la inspiración divina ha explicado lo que la geología sola jamás podría desentrañar. En los días de Noé, hombres, animales y árboles de un tamaño muchas veces mayor que el de los que existen actualmente, fueron sepultados y de esa manera preservados para probar a las generaciones subsiguientes que los antediluvianos perecieron por un Diluvio, Dios quiso que el descubrimiento de estas cosas estableciese la fe de los hombres en la historia sagrada; pero éstos, con su vano raciocinio, caen en el mismo error en que cayeron los antediluvianos: al usar mal las cosas que Dios les dio para su beneficio, las tornan en maldición.” (E. G. de White, Patriarcas y Profetas, pág. 103-104).
“En la historia del Diluvio, la inspiración divina ha explicado lo que la geología sola jamás podría desentrañar. En los días de Noé, hombres, animales y árboles de un tamaño muchas veces mayor que el de los que existen actualmente, fueron sepultados y de esa manera preservados para probar a las generaciones subsiguientes que los antediluvianos perecieron por un Diluvio, Dios quiso que el descubrimiento de estas cosas estableciese la fe de los hombres en la historia sagrada; pero éstos, con su vano raciocinio, caen en el mismo error en que cayeron los antediluvianos: al usar mal las cosas que Dios les dio para su beneficio, las tornan en maldición.” (E. G. de White, Patriarcas y Profetas, pág. 104).
“Toda la superficie de la tierra fue cambiada por el Diluvio. Una tercera y terrible maldición pesaba sobre ella como consecuencia del pecado. A medida que las aguas comenzaron a bajar, las lomas y las montañas quedaron rodeadas por un vasto y turbio mar. Por doquiera yacían cadáveres de hombres y animales. El Señor no iba a permitir que permaneciesen allí para infectar el aire por su descomposición, y por lo tanto, hizo de la tierra un vasto cementerio, Un viento violento enviado para secar las aguas, las agitó con gran fuerza, de modo que en algunos casos derribaron las cumbres de las montañas y amontonaron árboles, rocas y tierra sobre los cadáveres.” (E. G. de White, Patriarcas y Profetas, pág. 99).
“Es cierto que los restos encontrados en la tierra testifican que existieron hombres, animales y plantas mucho más grandes que los que ahora se conocen. Se considera que son prueba de la existencia de una vida animal y vegetal antes del tiempo mencionado en el relato mosaico. Pero en cuanto a estas cosas, la historia bíblica proporciona amplia explicación. Antes del diluvio, el desarrollo de la vida animal y vegetal era inconmensurablemente superior al que se ha conocido desde entonces. En ocasión del diluvio, la superficie de la tierra sufrió conmociones, ocurrieron cambios notables, y en la nueva formación de la costra terrestre se conservaron muchas pruebas de la vida preexistente. Los grandes bosques sepultados en la tierra cuando ocurrió el diluvio, convertidos después en carbón, forman los extensos yacimientos carboníferos y suministran petróleo, sustancias necesarias para nuestra comodidad y conveniencia. Estas cosas, al ser descubiertas, son otros tantos testigos mudos de la veracidad de la Palabra de Dios.” (Elena G. de White, La Educación, pág. 125).
EL GÉNESIS Y LA EDAD DE LA TIERRA Y LAS ESPECIES
Si bien, la mayoría de los profesos cristianos creen y enseñan que la Tierra y las especies que la puebla, entre ellos el ser humano, tienen aproximadamente seis mil años, lo cierto es que esta presunción se basa más bien en un desconocimiento general de la Biblia que ellos dicen defender más que en conocimiento correcto de las Santas Escrituras.
La Biblia enseña que "en el principio creó Dios los cielos y la tierra" (Génesis 1:1). ¿Cuándo fue ese principio? No se sabe y la Biblia no lo indica. El universo y las constelaciones, galaxias y sistemas planetarios que los conforman existían ya en el principio, muchos millones, miles o cientos de miles de años antes de que la vida fuera sembrada en nuestro propio planeta. El "principio" de los cielos y la tierra, no es el mismo principio de la vida en nuestros planeta. Note que la propia Biblia informa que cuando Dios se dispuso a generar la vida en nuestros planeta: "la tierra estaba desornedada y vacía" (Génesis 1:2). Sí, la Tierra ya estaba desde mucho antes, pero en condición caótica "desordenada y vacía". Entonces, en una Tierra ya existente desde mucho tiempo antes, no sabemos cuánto, millones, miles o cientos de miles de años antes, comenzó la generación de vida en nuestro planeta, cuando "Dios dijo: hágase la luz, y la luz se hizo" (Génesis 1:3).
Se concluye entonces, que la edad de la Tierra como planeta, como cuerpo celeste es desconocida y puede ser de incluso millones de años tiempo en que se originó el universo y "la tierra estaba desordenada y vacía", tal como hoy observamos a los planetas que nos acompañan en nuestro Sistema Solar. Sin embargo, la edad de las especies incluído el ser humano, es mucho menor que eso, pudiendo ser de sólo miles de años.
La Biblia informa que la historia del ser humano se inició con la creación de Adán (Génesis 1:26-27; 2:7) y contando desde la creación del primer hombre, siguiendo el registro bíblico y hasta la fecha, se cuentan aproximadamente seis mil años. El ser humano creado por Dios no era un "hombre mono", un ser inculto, grotesco y que no conocía el fuego, vivía en una caverna y luchaba por su subsistencia en un mundo inclemente y rodeado de bestias peligrosas.
¿Entonces en qué contexto se desarrolló un mundo tan hostil como el que hoy da a conocer el registro fósil con la presencia de dinosaurios, tigres dientes de sable, mamuts de imponente tamaño y una cantidad impresionante de animales peligros tanto en tierra, mar y aire? La Biblia informa que todo eso fue en el contexto de la maldición de Dios sobre el mundo natural consecuencia del pecado (Vea Génesis 3:18). La Biblia informa que producto del pecado, la naturaleza se corrompió y comenzaron a desarrollarse en las cosas creadas, características que estaban implícitas en ellas, pero que no hacía parte de la creación, como las espinas y púas que se observan hoy en día en el mundo vegetal.
Lo mismo ocurrió con las criaturas marinas, con las aves, los reptiles, etc. y también con el ser humano, ya que si bien Dios no creó a un "hombre prehistórico", éste se hizo a si mismo un salvaje debido a que perdió los privilegios que Dios le había concedido. Se vió obligado a sobrevivir en un mundo que después del pecado, no era benigno para él y en el cual, ahora tendría que conseguir el alimento, el vestuario y todo lo que necesitaba, con gran esfuerzo y trabajo, incluso con riesgo de su vida. Dios no creó a un simio, que poco a poco fue evolucionado, tal como propusiera Darwin en su célebre obra "El Origen del Hombre" editado en 1871, sino que creó a un ser humano bien definido, que si bien está relacionado con las demás especies por su propia constitución celular, arquitectura anatómica y características fisiológicas, no llegó a ser lo que es a través de un lento proceso evolutivo determinado por el azár, la casualidad o la contingencia, sino más bien por la determinación de Dios y mediante un proceso modificatorio finamente dirigido, a partir de especies preexistentes y con uso de ingeniería genética que le imprimió sabiamente, las cualidades que hoy le conocemos y que le hace, un ser distinto a cualquier otra especie que puebla la Tierra y cuya diferencia, le permite a Ud. leer estas líneas y lo que aquí se plantea.
Que el hombre se parece en mucho a los primates. Es cierto y no se pone en duda. Que somos en verdad una variedad de primate. Claro que sí, tal como somos una variedad de mamífero, de vertebrado, de amniota y de eucarionte, no obstante, aunque compartimos con los demás seres que pueblan este planeta características anatómicas y fisiológicas, intelectualmente somos una especie única y exclusiva, ya que fuimos creados a imagen y semejanza de Dios. ¿Por qué compartimos características con las demas especies? Sencillamente, porque somos parte del gran entramado biológico de este planeta, no como algo aparte, sino como parte del todo.
Los fósiles que la ciencia arguye como "prueba" de la evolución, son absolutamente insuficientes para probar lo que en realidad no constituye la verdad sobre el origen del ser humano. Los fósiles que están en los museos presentan dos grandes grupos, los simios que siempre fueron simios, y los hombres arcaicos, que siempre fueron hombres. A partir del Homo erectus y de ahí en adelante (Homo neanderthalensis, Homo antecesor, Homo floresiensis, etc.), todos los fósiles asociados al género Homo, son hombres en verdad. Mientras que todos los fósiles anteriores, Homo habilis, austrolapitecos, parántropos y compañía (Sahelanthropus, Ardipitecus, Oreopitecus, etc.) son simplemente simios. Los eslabones entre los simios propiamente tales y el ser humano, el llamado "eslabón perdido" hace mucho tiempo que los científicos dejaron de buscarlo, sencillamente porque no existe. La ciencia hoy en día sabe, aunque no lo dice franca y abiertamente, que la evolución gradual propuesta por Darwin en 1859, es un gran fallo en su propuesta y por ello fue abandonada hace ya tiempo y reemplazada por otro planteamiento "el saltacionismo", del cual la ciencia tampoco gusta confesar que no existe evidencia alguna.
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