En el Parlamento de Chile se da una situación curiosa. El protocolo dice que cuando el presidente(a) de una comisión abre una sesión de trabajo, debe hacerlo "en el nombre de Dios y de la patria". Pues bien, la diputada Srta. Camila Vallejo, de reconocida orientación atea, no se ciñe a dicha norma y abre las sesiones de discusión sólo en el nombre de la Patria ya que evidentemente, por ideología (comunismo), ella no acepta la existencia de Dios, lo cual es a todas luces absolutamente respetable.
Si bien hoy en día, muchos siguiendo estas tendencias, encuentran que está a la moda desconocer la existencia de Dios, no muchos son capaces de sostener su ateísmo (en relación a la no necesidad de un creador) y explicar de manera coherente, con conocimiento de causa y con sólidos argumentos, cómo se formó el universo, como se originó la vida en la tierra y de qué manera, ya sea por evolución u otro mecanismo, han llegado a existir todos los seres vivientes.
Puede que alguien diga: es cierto, no puedo explicar todas esas cosas, pero los científicos si han llegado a hacerlo y ellos también son ateos.
Ante esta respuesta es necesario aclarar dos cosas. Primero, que no todos los científicos son ateos. Un número no menor de astrónomos, químicos, bioquímicos, físicos, médicos e incluso biólogos, creen en la existencia de un Ser Superior, aunque no necesariamente se declaren personas religiosas.
Por otra parte y en segundo lugar: ¿es verdad que los científicos tienen una explicación coherente para las preguntas de cómo se originó el universo, cómo llegó a existir la vida en la tierra o como evolucionaron todos los seres vivientes? Quizás la primera intención sea decir que sí, pero la realidad es muy diferente.
La verdad es que no existe actualmente un cuerpo teórico que logre explicarnos cómo llegó a existir el universo sin evidenciar grandes lagunas de información respecto al origen de la energía, la causas concretas que dieron origen a la formación de la materia, la periodicidad de los elementos químicos del universo, el origen de las leyes que rigen los cuerpos celestes, la existencia del espacio y del tiempo, etc.
Si bien existen actualmente y también en el pasado, científicos dedicados a la cosmología y que han aportado conocimiento sorprendente sobre el universo y cómo está formado, lo cierto es que decir que existe una explicación concreta para todas las cosas es por decir lo menos presuntuoso y aunque hay algunos científicos, que por razones de marketing dicen poseer una respuesta para todo, lo cierto es que en lo concreto no es así y aún, como humanidad, buscamos respuesta para un sinnúmero de preguntas sobre el universo y su origen.
¿Qué hay respecto al origen de la vida en la Tierra? ¿Tiene la ciencia buenas respuestas sobre el origen de la vida en la Tierra? No. Recordemos que la ciencia de antes de Cristo y hasta unos 1500 años después de Cristo, enseñaba que la vida podía surgir de manera espontánea del barro, el fango, la tierra o aún de la carne putrefacta. Pasaron muchos siglos antes de que esta idea errónea fuera ampliamente desechada. Posteriormente y ya entrando al Siglo XX, el científico ruso Alexander Oparin (1894-1980) formuló una explicación teórica de cómo pudiera haber aparecido la vida en nuestro planeta. Su hipótesis de los coacervados (gotas ricas en moléculas biológicas y separadas del medio acuoso por una membrana rudimentaria de mayor peso molecular que el entorno) que se formaron en una mar primordial hace unos 4 mil millones de años atrás, resultó bastante novedosa pero absolutamente insuficiente para explicar cómo se formó la primera célula o ser vivo en nuestro planeta en base a un proceso aleatorio de agregación de aminoácidos que concluyó finalmente en la primera célula, que valga decir es bastante más compleja que una gotas ricas en moléculas biológicas y separadas del medio acuoso por una membrana rudimentaria como los famosos coacervados.
De una lectura del libro de Oparín, se hace claro que la vida en la Tierra habría surgido por un acto concomitante de la energía de los rayos, la agregación de los aminoácidos en el oceáno y la formación de los coacervados, que habiendo recibido energía de la atmósfera, habría cobrado vida de manera espontánea y azarosa. Una explicación a todas luces simplista para un fenómeno que es mucho más complejo que eso. Esto sin desmerecer a Oparin, que para su época realizó un verdadero y reconocible esfuerzo por explicar el origen de la vida en la Tierra sin contar con la agencia de Dios.
El modelo explicativo propuesto por Oparin fue considerado como válido por casi toda la primera mitad del Siglo XX y de hecho formó la base teórica del famoso experimento de Miller en 1953, quien ideó un sistema de matraces y alambiques por medio de los cuales intentó lograr la formación de aminoácidos, los componentes esenciales de la vida, en medio de un ambiente como el descrito por Oparin para el inicio de la vida. ¿Qué logro Miller con su experimento?
Efectivamente, Miller tomando como base la teoría de Oparín, logró inducir la formación de aminoácidos, no de todos los aminoácidos esenciales para la vida, sino sólo algunos. El resultado fue encomiable, pero nuevamente insatisfactorio. Los aminoácidos que obtuvo Miller con su experimento eran racémicos, es decir, direccionados indistintamente hacia izquierda o derecha (D-Aminoácidos y L-Aminoácidos), sin embargo, los aminoácidos que forman los seres vivos son todos levógiros, es decir, orientados espacialmente hacia la izquierda (L-Aminoácidos). ¿Por qué los seres vivos sólo evidencian aminoácidos levógiros, es decir, orientados espacialmente hacia la izquierda? La ciencia no tiene respuesta para eso.
La ciencia no sabe por qué los aminoácidos, los ladrillos y piezas fundamentales de la vida, son levógiros. Esto equivale a asegurar que se sabe cómo llegó a existir una casa, sin saber cómo o por qué están hechos los ladrillos de esa casa. Esa es la situación de la ciencia con respecto a sus explicaciones del origen de la vida actualmente.
Si bien más tarde se han agregado los planteamientos teóricos de Lynn Margulis (1938-2011), que buscaron explicar cómo se formó la primera célula y algunos alcances interesantes de cómo llegaron a existir la células eucariontes, lo cierto es que la situación no ha mejorado mucho en cuanto a explicar cómo se originó la vida en la Tierra.
Con relación a la evolución de las especies, si bien hoy en día la mayoría de los biólogos asume que la evolución es un hecho científico, no menos cierto es que la teoría general que planteó Darwin en 1859 hoy no es aceptada en varios puntos importantes por los propios biólogos, aunque en líneas generales se continúa aceptando la evolución en sí.
Uno de los planteamientos de base de Charles Darwin (1809-1892), decía "Natura non facit saltum" (la naturaleza no da saltos"), base del principio del gradualismo en evolución. Bueno, hoy en día sólo los biólogos más ortodoxos continúan enseñando este principio ya que la mayoría de los biólogos, sobre todo, los que se encuentran cercanos a la paleontología, abandonaron ese principio y hoy se declaran "biólogos saltacionistas", es decir, partidarios de que la naturaleza si da grandes saltos en la cadena evolutiva. En consecuencia, estos biólogos han abandonado también el gradualismo.
¿Qué hay respecto al mecanismo fundamental de la evolución, la selección natural? Hay que decir, que este mecanismo fundamental ya no es reconocido como estrictamente fundamental, ya que se propone que otros mecanismos son tanto o más importantes que la propia selección natural, como la deriva genética (una fuerza evolutiva que actúa junto con la selección natural cambiando las frecuencias alélicas de las especies en el tiempo), la mutación y la migración, a lo cual además debemos agregar el aislamiento geográfico que da lugar a la especiación geográfica, base para la formación de nuevas especies.
En consecuencia, para las tres preguntas básicas que plantea la simple inteligencia: 1) Cómo se formó el universo, 2) Cómo se inició la vida en la tierra y 3) Cómo llegaron a existir todos los seres vivos en nuestro planeta, existen de parte de la ciencia, respuestas vagas, incoherentes y en ocasiones hasta risibles, no existiendo en verdad una explicación teórica aceptable que dé cuenta de todas estas cosas.
Es lógico que científicos fanáticos y que endiosan a la ciencia humana, digan que las respuestas que ellos manejan sí son aceptables. Eso es tan válido como la respuesta que da un fanático religioso a las preguntas de por qué cree ciegamente en lo que cree y acepta como religión. No hay inteligencia ni razón en dichas respuestas.
El verdadero cristianismo no es una aceptación ciega de todo lo que enseñan en las iglesias o de todo lo que dice una autoridad religiosa. El verdadero cristianismo se funda en la convicción y la certeza de que los conceptos que dan forma a la religión son reales y que están fundados en hechos concretos (Hebreos 11:1).
¿Existe Dios? A muchos les gusta pensar que no, con esto evidentemente se evitan todos los conflictos de conciencia y debates morales. No obstante, a fin de evitarnos ese tipo de dilemas: ¿es sensato desconocer lo evidente, como que todas las cosas obedecen al diseño inteligente de un Hacedor?
Aunque muchos piensan que la Biblia es un libro obsoleto y que se aleja de la realidad para dar cabida a la ficción de los milagros y lo sobrenatural, la verdad es que la Biblia plantea al ser humano reflexiones bien concretas y hasta cierto punto ineludibles.
Por ejemplo, la Biblia dice: "toda casa requiere de un hacedor". Seguramente toda persona sensata estará de acuerdo con eso. Una casa o todo otro elemento complejo, con un diseño, un propósito y un destino funcional, debe ser el resultado de una acción inteligente. Si una persona encontrara un reloj en medio del desierto, no pensaría bajo ningún punto de vista que ese objeto es fruto de los agentes naturales como el viento, el frío, el calor, la erosión, etc. ¿Por qué no podría pensar eso? Sencillamente, porque el reloj es un elemento complejo, cuyo diseño, propósito y destino funcional, no son producto del azar o de origen inexplicable. Alguien lo hizo tal como es. Alguien lo diseño, le asignó un propósito y le confirió un destino funcional. Esa es la lógica humana.
Sin embargo, la Biblia dice: "Entonces el que creó todas las cosas es Dios" (Hebreos 3:4). Si un reloj o una casa necesitan de un hacedor toda vez que son elementos complejos, ¿qué diremos de un pájaro, de un perro, o del mismo ser humano, que en diseño, propósito y destino funcional son mucho más complejos que un reloj o una casa?. La conclusión de simple lógica, tal y como plantea la Biblia, es que todas estas cosas también requieren de un hacedor. Eso lo dice la inteligencia y la razón. Negar este razonamiento, es sencillamente ser poco inteligente.
Que el universo se hizo sólo y por la sola acción de fuerzas naturales como la gravedad o las fuerzas centrífugas y centrípetas, es como querer convencer a un niño de que los bebés vienen de París y los trae una cigueña. No es inteligente pensar así.
La Biblia no es un libro para crédulos, es un libro para personas que están dispuestas a pensar. En el pasado la mayoría de las personas y hasta los sabios de una época, pensaban que la Tierra era cuadrada. ¿Qué decía la Biblia al respecto? La Biblia decía que la Tierra era redonda y lo hacía más de 600 años antes de Cristo (Isaías 40:22). Igual ocurría con la situación de la Tierra en el espacio. Mientras los sabios de una época y las orientaciones de otras religiones decía que la Tierra descansaba sobre los hombros del gigante Atlás o bien sobre los lomos de grandes elefantes, la Biblia informaba que la Tierra flotaba en el espacio, colgando sobre nada (Job 26:7).
Muchas personas quisieran descartar absolutamente la Biblia y la existencia de Dios de sus vidas, pero al pretender hacerlo, sólo caen en una forma de razonamiento que niega la inteligencia del hombre. Con justa razón el salmista dice: "Dijo el necio en su corazón: no hay Dios." (Salmo 14:1)
¿Se puede ser un ateo consecuente pero sin aportar las respuestas necesarias a las preguntas inevitables de: cómo se originó el universo, de donde se inició la vida y como surgieron las especies en nuestro planeta? Si la respuesta es sí, es como adoptar la actitud del avestruz, esconder nuestra cabeza de los problemas.
La Biblia invita a la reflexión diciendo: "Y en efecto, pregunta ahora a las bestias, que ellas te enseñarán, y a las aves de los cielos, que ellas te lo mostrarán. O habla a la tierra, que ella te enseñará. Los peces de la mar, te lo declararán también, ¿Qué cosa de todas estas no entiende que la mano de Jehová la hizo? (Job 12:7-9)
Si sólo hay una pequeña disposición para reflexionar, se hará propia la reflexión: "Los cielos cuentan la gloria de Dios y la expansión denuncia la obra de sus manos." (Salmo 19:1-2)
Si existe Dios ¿por qué existe el mal? Amparados en esta pregunta, muchas personas sienten que están justificados en su ateísmo. Sin embargo, esa pregunta sólo refleja desconocimiento de lo que enseña la Biblia sobre el tema. Y sin embargo, las preguntas fundamentales sobre el origen del universo, el inicio de la vida y la existencia de las especies no halla respuesta en la formulación de esa pregunta. Esa pregunta, y que se desconozca su respuesta, no da pie para ignorar la realidad de nuestra existencia y pretender vivir sin explicarla.
Evidentemente resulta mucho más fácil ser ateo, pero eso no me hace mucho más inteligente. La mayoría de las personas ateas no saben nada de como funciona el cuerpo humano, como se realiza la sinapsis neuronal, como funciona el sistema respiratorio, porqué late nuestro corazón, como funciona el sistema endocrino, como se produce la reparación de tejidos, qué es la homeostasis hormonal. Muchas mujeres ateas, no podrían dar una respuesta lógica e inteligente de cómo se forma un niño en el vientre de una madre, como se forma el cerebro, los huesos, los ojos, el sistema arterial, etc.
Ser ateo es ser como el avestruz, vivir no queriendo enfrentar los problemas. Es fácil decir no creo en Dios, pero es difícil afirmar esa posición de manera coherente y sostenerla en un mar de preguntas.
Algunos ateos sostienen y como dijo una vez el propio Stephen Hawkins que la Biblia es un libro que habla de milagros y hechos sobrenaturales. ¿Cuáles son esos hechos sobrenaturales y tan difíciles de realizar? ¿Que se cree a una mujer de la costilla de un hombre? ¿Qué tiene eso de sobrenatural cuando hoy en día se puede clonar organismos a partir de unas cuantas fibras de tejido o simplemente teniendo alguna muestra de ADN?
¿Que un niño nació de una virgen? Eso es hoy perfectamente posible a través de la inseminación artificial. Lo que los ateos llaman sobrenatural son sólo las cosas que ellos creen imposibles basados en la negación de las capacidades de la ciencia. Hace miles de años atrás se podría pensar que era imposible que el hombre viajara a la luna y hoy sin embargo, ese hecho resulta antiguo para todos nosotros. Que una persona estando en China pudiera hablar directamente con otra persona en Chile pudiera sonar a fantasía o algo sobrenatural en el Siglo XII, sin embargo, hoy en día a través de la telefonía eso sucede todos los días y no tiene nada de sobrenatural o milagroso. Lo que la ciencia hoy llama "milagro" no es sino el desconocimiento de lo que la propia ciencia puede llegar a hacer en el futuro.
¿Qué la resurrección es un imposible? Piense que el hombre como ser es una entidad compuesta de dos estructuras fundamentales, el cuerpo y su mente. Esto en el lenguaje computacional podría llamarse el hardware y el software. Si existe la posibilidad de preservar de alguna forma estas dos estructuras de un computador, se puede rehacer las veces que sea necesario y seguirá siendo siempre el mismo computador. Lo mismo sucede en la resurreción. Si Dios tiene la capacidad de conservar nuestros pensamientos, conocimientos y experiencias que nos identifican como personas, además de conservar un registro de nuestros genes y ADN que nos dan una identidad física, puede, mediante ingeniería genética de alto nivel, recrear o resucitar a una persona de ser necesario, y seguirá, igual que el computador, siendo la misma persona por siempre. No podemos argumentar que no creemos en la Biblia o pretender negar la existencia de Dios porque no comprendamos correctamente cómo pueden llegar a ser todas las cosas.
¿Pero no hay acaso grandes ateos en la historia de la humanidad? ¿Y eso qué puede significar? En la historia humana también ha habido grandes creyentes. Una cosa es cierta, los ateos se la pasan hablando de Dios. Schnier, el protagonista de una novela de Heinrich Boll, decía: Los ateos me aburren porque se pasan la vida hablando de Dios." (Boll, Heinrich. Opiniones de un payaso. Obras completas, t. 2, Seix Barral, Barcelona, 1987, p. 301)
Cada persona es libre de pensar cómo guste y en eso radica el respeto. Pero no se puede pretender que una forma determinada de pensar es o constituye la verdad sólo porque yo la acepto. Hay que investigar, hay que reflexionar, hay que pensar. Si después de eso, tomo la decisión de ser ateo, entonces tengo que responder coherentemente las tres preguntas: ¿cómo se originó el universo? ¿Cómo se inició la vida? ¿Cómo llegaron a existir todas las especies? Y se espera que la respuesta esté a la altura de las preguntas. De otra manera, el ser ateo no es más que una posición cómoda para desconocer nuestra responsabilidad de indagar de dónde vienen todas las cosas, incluídos nosotros mismos y desconocer de manera voluntaria las tres preguntas que la humanidad se hace desde el principio, a saber: ¿quiénes somos? ¿de dónde venimos? y ¿hacia dónde vamos?